La poda de invierno, clave para el viñedo

La poda de invierno, también conocida como poda en seco, es una de las tareas más críticas y hermosas de la viticultura. No es solo «cortar sarmientos»; es, literalmente, diseñar la cosecha del próximo año y asegurar la longevidad de la cepa. Es un trabajo duro, especialmente con el frío de enero, pero es donde se decide la calidad del vino que beberemos en un par de años.

¿Por qué es fundamental?

Si dejamos que la vid crezca a su aire, se convertiría en una enredadera salvaje con muchas hojas pero uvas pequeñas y ácidas. La poda sirve para:

  • Limitar la producción: Menos racimos se traduce en una mayor concentración de azúcares y aromas.

  • Renovar la madera: La vid solo da fruto en los sarmientos que brotan sobre madera del año anterior.

  • Controlar la forma: Facilita el paso del tractor o el trabajo manual en la vendimia.

El momento ideal

Se realiza durante el reposo vegetativo de la planta (cuando no hay hojas y la savia no circula).

  • Poda temprana (noviembre – diciembre): Riesgo de que las heladas dañen los cortes si el clima es extremo.

  • Poda tardía (febrero – marzo): Retrasa un poco la brotación, lo cual es útil en zonas con riesgo de heladas primaverales.

 

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